14 de mayo: el rol del acero en la ingeniería que ha construido Chile

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Cada 14 de mayo, Chile conmemora el Día Nacional de la Ingeniería. La fecha quedó instituida en 2009 por decreto del Ministerio del Interior, a solicitud del Colegio de Ingenieros de Chile A.G., y recuerda el día siguiente al terremoto del 13 de mayo de 1647 — uno de los más destructivos de la época colonial — cuando empezaron las primeras grandes obras de reconstrucción del país.

Casi cuatro siglos después, la ingeniería chilena se mide con problemas distintos, pero igual de exigentes. En buena parte de las respuestas aparece, de manera estratégica y decisiva, el acero.

El acero ha sido protagonista en la construcción chilena desde hace más de un siglo. Por su resistencia, su capacidad de salvar grandes luces y su comportamiento dúctil ante esfuerzos sísmicos ha tenido un rol central en instalaciones industriales, ferrocarriles y edificaciones comerciales que requieren cubrir grandes superficies sin columnas intermedias. También ha participado, de forma menos visible, como armadura en las construcciones de hormigón armado tradicional. Lo que la industrialización del país, los avances en ingeniería sísmica y la búsqueda de mayor productividad han hecho en las últimas décadas es expandir ese alcance. Hoy el acero está presente en edificios en altura, hospitales, centros logísticos, infraestructura minera y viviendas industrializadas, obras donde la capacidad del material para absorber energía sísmica resulta especialmente valiosa en un país como Chile.

Los avances también se ven aguas arriba de la obra. Las enfierraduras industrializadas —donde las barras se cortan, doblan y arman en planta, para entregarse listas para montaje— han reducido tiempos de obra, pérdidas de material y errores en faena. Es un cambio notable en trazabilidad y reducción de residuos, con un impacto directo en la productividad y en la calidad de la construcción.

Otra dimensión que el acero pone sobre la mesa es la ambiental. Pocos materiales de construcción se reciclan indefinidamente sin perder propiedades. Construir con acero se traduce, en la práctica, en participar de una cadena de valor que viene integrando la economía circular desde hace décadas.

El marco normativo del país acompaña esta evolución. En los últimos años, las normas técnicas que regulan los requisitos de productos, el diseño estructural, sísmico, de fabricación y montaje se han ido actualizando en línea con el aprendizaje acumulado tras eventos como el terremoto de 2010. Es un trabajo poco visible desde fuera, pero que sostiene buena parte de la seguridad de nuestras edificaciones.

El acero, por su circularidad, las soluciones industrializadas que habilita y su capacidad de sostener proyectos cada vez más exigentes, seguirá siendo parte de las respuestas a los desafíos emergentes de hoy como cambio climático, déficit habitacional, transición energética y resiliencia urbana.